Caso Cifuentes Abril 2018
cifuentes1 Se ha producido un chapucero intento de encubrimiento

 

Hace apenas unas semanas, el periódico digital El Diario destapó el escándalo de la falsificación del título universitario de la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes. Desde entonces las dudas sobre su integridad van en aumento.

Los españoles están hasta los mismísimos y quieren ver rodar cabezas:

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Cristina Cifuentes ha concluido su metamorfosis en Esperanza Aguirre en un tiempo récord. Lo que a Aguirre le costó toda una larga trayectoria política hasta acabar de forma penosa, para Cifuentes ha sido una carrera corta de no más de dos años y 9 meses desde que fue elegida presidenta de Madrid. A diferencia de las orugas y las mariposas, este tránsito ha sido al revés. No acaba con ella con un aspecto radiante, sino con el espanto que producen las mentiras y el cinismo.

Cifuentes ha mentido. De forma reiterada y consciente. Reaccionó enfurecida a la primera información (recuerden, "soy hija de militar", "creo en la cultura del esfuerzo", fueron algunas de sus respuestas en Onda Cero) defendiendo que había hecho el máster en unas condiciones perfectamente normales. Como cualquier otro alumno.

¿Qué no contó? La presidenta del PP madrileño no dijo que no había aparecido en las clases de un máster que exigía la presencia de los alumnos. No dijo que no había hecho los exámenes con el resto de alumnos, es decir, no los había hecho, punto. No dijo que los cambios en sus calificaciones se realizaron saltándose todas las normas del centro cuando es necesario hacerlo. No dijo que el presunto trabajo de fin de máster no iba a aparecer, y nadie a estas alturas se cree que exista. Presentó unos documentos requeridos a toda prisa a la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) para construir una coartada que, como se supo después, incluía firmas falsificadas.

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