El Pastor Aug 2017
pastor Nunca pensé que llegaríamos a estos niveles de incivismo

 

Un hombre baja dando gritos por la ladera de la montaña, bastón en alto, acompañado de sus perros pastores. Abajo, en el sendero, un colapso circulatorio de vacas y montañeros intentando compartir camino junto a una valla: un paso de ganado que alguien había dejado abierto.

El pastor está encolerizado y no atiende a razones. Intento razonar con él para que se calme, y su berrinche va a más. Luego, recogido el ganado y mientras sube sendero arriba con sus fieles ayudantes, entablamos conversación a pie de roble.

Estoy desesperado —me dice al borde del llanto—, nunca pensé que llegaríamos a estos niveles de incivismo. La verdad es que ya no puedo más, pero no por mi oficio, sino por el desprecio de la gente. Si esto sigue así voy a tener que dejarlo.

 

El viejo pastor sigue confesándose después de pedir disculpas por sus gritos. La puerta de paso tiene que estar cerrada —se lamenta— ¿tú sabes lo que es bajar cada día para volver a reunir a doscientas vacas? Si se meten en unos pastos que no son los que tengo arrendados me cuesta una fortuna, si invaden el camino los excursionistas se pueden hacer daño y a mí me caería un puro.

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