Pateras Arriba Sept 2017
patera Hay cotidianas devoluciones en caliente

 

Se tiraron al mar como quien escapa a tierra de nadie. No saben nadar porque jamás las llevaron de niñas a un cursillo de natación, como hacemos aquí con nuestras pequeñas más queridas. Eran del Congo. Sus jóvenes cuerpos acabaron, hinchados, en la morgue del hospital marroquí El Hassani, en Nador. Todos sus sueños se ahogaron. Donde dice sueños debemos leer un simple horizonte en el que el miedo, la miseria y la violencia se vean desde el otro lado. Sueños que fueron huida, supervivencia, derrota. Oscuridad anterior y oscuridad final. Las siete mujeres ahogadas eran negras.

 

Mientras los supervivientes aseguran que la Guardia Civil "bloqueó" la patera en la que a duras penas flotaban 45 personas, las fuentes oficiales españolas aseguran que los agentes trataron de "intermediar" para impedir su entrada a Melilla. Los entrecomillados son términos, cuando menos, confusos, que se convierten en escalofriantes al confirmar la muerte por ahogamiento de esas siete mujeres. Por su parte, las ONG cuentan que la Marina Real de Marruecos llegó con una embarcación, enganchó a una cuerda aquella cáscara de nuez donde ya tiritaban los sueños y se la llevó a rastras para devolverla a sus costas. Tiró sin miramientos, como se hace con lo que no merece cuidado, hasta hacerla volcar. Con ella se hundieron quienes aún no se habían lanzado al agua huyendo de unos y de otros, de españoles y de marroquíes, de guardias reales y de guardias civiles.

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