La Persona Más Cobarde Del Mundo March 2017
childabuse Veo la de tonterías que copan los titulares

 

El otro día me llevé un buen susto nada más levantarme. “¡Cáspita, vaya careto!
“¿Seré el tío más feo del mundo?” -pensé, al mirarme en el espejo. Llevaba una semana de perros, pasando las noches en vela. Mi rodilla me dolía mogollón (había empezado a correr hace unos días) y últimamente andaba de mala leche a todas horas.
Para colmo, uno de esos días asistí a una escena bochornosa en la Feria de Granada, donde echaba una mano como voluntario en la caseta de una ONG: un padre, vestido de punta en blanco, cubata en mano, borracho como una cuba, golpeó a lo bestia a su hijo, un zagal de unos 8 o 9 años como mucho. Aunque la peña que había alrededor medió rápido, lo cierto es que el chaval se llevó 2 sopapos y un puñetazo de su padre, quien le triplicaba en cuerpo y edad.

Qué valiente... ¡eso sí que es un hombre de pelo en pecho! Lo último que recuerdo es a los polis leyendo la cartilla al “adulto”, mientras alguien le limpiaba la sangre de la nariz al muchacho, quien seguía llorando a lágrima viva.
Nunca sabré el porqué de su ida de olla, y por supuesto, nunca entenderé cómo algunos animales son capaces de moler a palos a sus hijos. Por mucha frustración que tengan con su vida de fracasados, ¿acaso no son capaces de imaginar las nefastas consecuencias que produce el maltrato infantil?

Sí, es necesario ponerme serio para hablar de esto. El tema me toca bastante la fibra, pues soy maestro -además de humano, claro, lo que debería ser suficiente para sensibilizarse con el asunto-.
Como educador en un centro de Educación Compensatoria, conocí casos como el de una niña de 9 años a la que su madre ataba a una silla para irse de fiesta tranquila, una adolescente a la que pegaron una paliza por querer hacer un módulo de formación profesional en vez de una carrera, o una niña tuerta gracias a un padre maltratador. .........

Quería conocer otros casos, así que he investigado un poco: resulta que el pasado 25 de abril, fue el Día Internacional de la lucha contra el Maltrato Infantil.
Pues bien, una simple búsqueda de noticias alrededor de esa fecha, arroja numerosos sucesos desgarradores, entre ellos una niña de 12 años con pelo arrancado por su madre por llegar una hora tarde o dos hermanos de 6 y 9 con quemaduras de cigarro en los brazos y contusiones en la espalda. Qué, ¿es duro leer esto? Pues imagina vivirlo a diario: es la realidad.

Según la OMS, ”... el maltrato infantil se define como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño…”
Y por cierto: la exposición a la violencia de pareja también se incluye entre las formas de maltrato infantil.

Tras echar un vistazo a la hemeroteca, leo que en España pegar a un niño es delito desde 2007. ¡Já! Como si los casos se denunciaran y la ley sirviera de algo. En general, la población no está concienciada.
Los hay que recibieron golpes de pequeños, y repiten el comportamiento eternamente porque las neuronas no les dan más de sí; los hay que son despropósitos emocionales con patas, y dominados por su impotencia, pagan el pato con los más débiles. Otros culpan a sus hijos de sus errores en la vida o haberse estancado (¡bienvenidos, hijos no deseados!).
Y también, hablando en plata, los hay que son unos cabronazos cobardes, que se creen que los hijos son su propiedad privada y pueden hacer con ellos lo que les venga en gana.

Sin ánimo de perdernos en un debate sobre la diferencia de gravedad entre cachete, bofetada, amenaza, azote, paliza, golpe, zapatillazo o atar a una silla y encerrar en una habitación con llave, lo cierto es que numerosos estudios han demostrado las horrorosas secuelas que deja de por vida el maltrato infantil.

Sí, vayamos al grano: además de los estigmas físicos, el problema más grave se da en las consecuencias psicológicas. Un infante maltratado será más propenso en la edad adulta a sufrir estrés postraumático, depresión, ansiedad, adicciones, disociación, trastornos del sistema nervioso e inmunitario y conductas sexuales de riesgo. Este grave impacto se debe, entre otras cosas, a las alteraciones que se dan en el cerebro de los niños procedentes de entornos agresivos respecto a la detección de amenazas y activación de mecanismos de alerta.

Es decir, su cerebro se acostumbra a protegerse continuamente, volviéndose hipervigilante. Todo ello supone un gran desgaste cognitivo y emocional, además de producir ansiedad generalizada.

Es curioso, como señala Rocío Mayoral en su artículo en El Confidencial, que estos resultados sean similares a los de soldados gravemente traumatizados por experiencias bélicas. Un dato que debería sacudir conciencias, y aun así hay bestias inmundas que defienden el castigo físico como herramienta para educar.

Además, mediante imágenes y escáneres del cerebro, se ha comprobado que aunque algunos niños parezcan no sufrir secuelas a primera vista, su funcionamiento neural está dañado, solo que han aprendido a separar emoción y cognición, bloqueando los pensamientos para aminorar el sufrimiento.
En fin, para que te quede claro, maltratador de pacotilla: pegar a un niño no sólo tendrá consecuencias graves en su futuro, sino que no mejora su comportamiento.

¡Maldita sea! Qué impotencia siento. La verdad es que el asunto es peliagudo y me revuelve las tripas. Veo la de tonterías que copan los titulares en la prensa y telebasura, y no entiendo cómo no estamos tratando esto a diario.
Con la violencia machista sí pasa, por ejemplo, estamos más concienciados. ¿Pero por qué algo que no permitimos en una pareja nos parece normal cuando se trata de un niño, que es un ser más débil, inocente e indefenso? ¿Por qué el ataque de un perro peligroso a una persona llega a las noticias, pero no la paliza de una madre a una hija?

Sin duda, queda un largo camino por recorrer.
Se me ocurre ahora que cuando me preguntaba el otro día a mí mismo ante el espejo si era el tío más feo del mundo, al menos tenía el beneficio de la duda... Sin embargo, si me preguntaran quién es la persona más cobarde del mundo, respondería en un santiamén, sin pestañear: aquella que es capaz de pegar a un niño.

Escrito por Dani Lázaro


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