Tortilleras y tomates  Mar 2018
tomato Celebré ser la nota discordante de mi entorno

 

Puedo caminar por allí con los ojos cerrados y no perderme, pero, en el fondo, no sé dónde estoy. La iglesia es ahora de otro color. Mi colegio, más alto. La tienda de gominolas de Moni está cerrada y han borrado todas las pintadas irreverentes que hicimos en el parque. Reconozco el tejido de los árboles, pero apenas conozco ya a ninguna de las personas con las que me encuentro por la calle.

Podría describir con exactitud el camino de mi casa al ambulatorio y, a la vez, me siento ajena a las calles empinadas e insípidas de ese pueblo. He aprendido a vivir con la sensación de no tener raíces, de no sentir bajo mis pies tierra, de no poder plantarme en ningún sitio. Es una sensación de nada; de no tener pasado, ni lugar al que volver. Da mucho miedo asumir que no sé transplantarme, que voy de un tiesto a otro, pero en ninguno enraízo porque mis raíces son tan débiles como algunos recuerdos. Da miedo asumir que me he equivocado mucho, que salirte del tiesto implica correr el riesgo de no volver a florecer en ningún lugar. Al menos, no con la fuerza con la que se agarran a la tierra las plantas que nadie ha arrancado nunca. Esa sensación de pertenencia fiel a un lugar, sin embargo, sólo pueden tenerla quienes encuentran en esa maceta todo lo que necesitan. No es mi caso, ni mi casa.  

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